Anthony van Dyck (Amberes, 1599 - + Londres, 1641) es uno de los pintores del barroco flamenco más importantes; su trabajo como retratista lo hace ser uno de los favoritos de las cortes reales a la par de Diego Velázquez.
El rey y coleccionista Carlos I adoraba a Van Dyck porque fue el artista que introdujo notables innovaciones pictóricas en la cultura visual inglesa. Su método de pintura de elegancia relajada se convirtió en la influencia dominante y cambió el gusto de esa nación.
Se ocupó también de temas bíblicos y mitológicos, incluidos retablos.
Sin embargo, tras la ejecución del rey en 1649, su colección se vendió y se esparció por Europa. Mientras que muchas obras fueron recuperadas por Carlos II durante la Restauración, otras forman ahora el núcleo de museos como el Louvre y el Prado.
Tan grande fue la influencia de Van Dyck que se extiende hasta el período moderno. Durante su vida, Carlos I le otorgó el título de Caballero. Mucho más tarde, los estilos usados por sus modelos proporcionaron los nombres de la barba al estilo Van Dyke* y el cuello Van Dyke*, un cuello ancho sobre los hombros bordeado copiosamente de encaje.
Al igual que sus pinturas, la vida del genio del caballete es una imagen rica llena de eventos dramáticos, y es, por varios motivos, comparable a la de Rafael: ambos murieron jóvenes y antes de ver uno las atrocidades del saqueo de Roma (1527) y el otro los desórdenes de la guerra civil.
Sir Van Dyck murió antes de ver procesado y decapitado delante de su palacio a su rey.
Fue enterrado en la Catedral de San Pablo, lo que nos indica la posición social en el momento de su muerte, en la ciudad del Támesis.
*Nota: Cuando van Dyck fue nombrado Caballero en 1632, cambió su nombre a Van Dyke.
























