martes, 28 de junio de 2022

Fra Angélico, Alba del Primer Renacimiento

La obra del artista italiano Guido di Pietro da Mugello, más conocido como Fra Angélico, se caracteriza por el espiritualismo, la serenidad y la religiosidad; creó lienzos que combinan el amor terrenal con la admiración divina. Toda su obra es de temática religiosa y fue consciente de estar sentando las bases de una forma moderna de "arte sacro".

El pintor fue muy exitoso en aquella infancia del Renacimiento, su obra era muy bien catalogada y cómo no, si fue uno de los mejores coloristas de la más temprana revitalización del Arte, incluso quizás el primero en evolucionar los avances realizados por Giotto di Bondone.

El fraile protagonizó la transición del arte gótico al renacentista, un estilo dual que queda patente en sus trabajos. Siguió los preceptos humanistas pero con un tono religioso todavía de herencia medieval, otorgando así un ambiente onírico a la escena mística. Incluso -esto es increíble- parece haber anticipado el Surrealismo en el primitivo siglo XV, en la sorprendente "Burla prima di Gesù".

En una época en la que todo viraba de lo eterno a lo humano, es la sencillez y el deleite en lo no perfecto lo que realmente singulariza su obra. Son precisamente, la simplicidad y esa torpeza casi intencionada las que generan un halo de ensoñación envolvente anunciando que algo sobrenatural está sucediendo en la Tierra.

Anunciación
Coronación de la Virgen
Burla prima di Gesù
San Nicola procura il grano ai miresi
Virgen de la Granada
Virgen de la Humildad
Cristo alcanza a Adán para rescatarlo del Infierno
Ecce Homo

sábado, 25 de junio de 2022

Un Día de Playa, de Vicente Palmaroli

Debido al frío reinante sentí el deseo de analizar una postal veraniega, como una especie de recuerdo de lo que vendrá. En esta oportunidad, analizaré una obra del pintor español Vicente Palmaroli. Quizás el autor no sea tan reconocido y eso me parece un poco injusto ya que nos dejó obras románticas y exquisitas; observemos, por ejemplo, esta creación que hizo furor en su momento.

Sentada cerca de la orilla del mar, una dama deja de lado la lectura por un instante para mirar al espectador. A pesar de estar en la playa, viste una falda larga con un espléndido adorno de encaje negro, un delantal blanco, un chal azul y un sombrero con encaje y plumas.

En su mano sostiene una pequeña sombrilla. Parece haberse acomodado cómodamente y se sienta a cierta distancia de los demás turistas junto a una serie de sillas con respaldo de junco.

Hay un aire melancólico y refinado en esta mujer veraneante muy en consonancia tanto con los gustos de la clase media alta europea del último cuarto del siglo XIX como con un estereotipo de femineidad burguesa bien conocida a través de la literatura y reflejada en un tipo de arte perfectamente definido.

A finales de la centuria decimonónica, bajar a la playa con ropa más adecuada para caminar, como ha hecho la joven de este lienzo, se consideraba el colmo de la sofisticación.

De hecho, vestirse elegantemente a la orilla del mar se convirtió en un signo de verdadera distinción poco tiempo después de que se pintara este cuadro. 

Palmaroli a menudo representaba a mujeres vestidas así en la playa, ya que quería producir imágenes con las que la clase media, que financiaba esta mezcla exclusiva de deporte y ocio, pudiera identificarse fácilmente.

El cielo panorámico y el horizonte, así como la propia playa, fueron pintados rápida y superficialmente, con muy poco empaste. Don Vicente captó tanto los efectos de luz del cielo nublado como el amenazante reflejo de la luz plomiza sobre la arena mojada con un claro sentido decorativo.

El artista iba a menudo a las playas de Trouville-sur-Mer, en la región de Calvados en Normandía, veraneando allí entre 1873 y 1883 en un lugar de moda adornado por la presencia de pintores y escritores famosos como Gustave Flaubert, Marcel Proust, Claude Monet y Eugène Boudin, todos los cuales contribuyeron a su manera, como Palmaroli a la suya, a transmitir la imagen de las altas esferas de la burguesía de su tiempo.

Entonces, no se sabe a ciencia cierta dónde fue capturado este momento pero -dados los tonos cargados tan típicos del norte de Francia e idénticos a los utilizados por el artista en otros cuadros ambientados en esa zona- es muy probable que la playa de esta imagen sea precisamente, una de las de Trouville.