martes, 1 de septiembre de 2026

Tenis Femenino en el Arte del Siglo XIX

A propósito de los Juegos Olímpicos de la Juventud recientemente celebrados pensaba que el deporte dice mucho sobre lo lejos que ha llegado la sociedad. 
El historiador social Harold Perkin una vez lo expresó de esta manera: "La historia de las sociedades se refleja más vívidamente por la forma en que las personas pasan su tiempo libre. El deporte en particular es mucho más que un pasatiempo o recreación. Es una parte integral de la cultura (y) brinda una perspectiva única de cómo la sociedad cambia e impacta en otras sociedades." 

El torneo de tenis más antiguo del mundo, el Campeonato de Wimbledon, agregó Ladies Singles a la lista en 1884. 
El código de vestimenta victoriano dictaba que los brazos y los tobillos debían ocultarse. Además, tenían que soportar tres enaguas almidonadas debajo del vestido. Naturalmente, el infame corset victoriano también era requisito para mantener una figura de reloj de arena en todo momento. Obviamente que pasarían muchísimo calor, sin embargo igual se superaban y disfrutaban del deporte de la raqueta.

Tennis Anyone by Emile Vernon

A Game of Tennis by John Strickland Goodall

The Tennis Party by Charles March Gere, 1900

Tennis Game by the Sea by Max Liebermann, 1901

A Game of Tennis by George Goodwin Kilburne

Tennis Players by Horace Henry Cauty, 1885

A Rally by Sir John Lavery, 1885

martes, 25 de agosto de 2026

Madame Lebrun, Retratista de María Antonieta

Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun (1755 - 1842) fue una destacada pintora francesa cuya clientela incluía la realeza y la aristocracia, especialmente la Reina de Francia, María Antonieta, porque sus retratos eran brillantes.
La historia del arte ha descuidado durante mucho tiempo a la virtuosa señora Lebrun porque fue considerada emblema de un mundo y una pintura pasada. 

La artista "olvidada" transcribió la frescura de un clavel, la fragancia de las rosas, las expresiones de mil caras, la sensualidad de la seda... capturó la vida. Deslumbrada por la sociedad culta de su tiempo, pintó el refinamiento, la belleza y la ligereza descuidada de un mundo que la revolución más tarde engulliría. Todo el Antiguo Régimen se desplaza ante nuestros ojos. 

Pese a ello el amor de Madame Lebrun por el arte fue constante en los mejores y en los peores momentos de su larga vida. En sus memorias, ella revela su fascinación por el dibujo. Es una trayectoria excepcional la suya. 

La habilidad para caracterizar a sus modelos de manera elegante la hizo muy popular. Tan encantada estaba la reina con su trabajo que la contrató para pintar 30 retratos de ella y su familia, lo que le valió la reputación de retratista oficial. 

Madame Lebrun y su Hija

La Paz que trae Abundancia

Autorretrato con Sombrero de Paja

Alexandra and Elena, Hijas de Paul I de Rusia

Baronesa Anna Sergeevna Stroganova y su Hijo Sergey

Carolina Bonaparte Murat, reina de Nápoles,
con su hija Laetitia (1807), Palacio de Versalles

Corisande Armandine Léonie Sophie de Gramont

Condesa Du Barry

Julie Nigris como Flora, Diosa Romana de las Flores

Lady doblando una Carta

María Antonieta, esplendorosa

Madame Mole-Raymond

Princesa María Cristina de Borbón

Autorretrato

María Antonieta de Lorraine-Habsbourg y sus Hijos

María Antonieta, 1783

martes, 18 de agosto de 2026

Pío Collivadino. Luz de una Buenos Aires entre la Incertidumbre del Cambio y el Orgullo por el Progreso

A comienzos del siglo XX, Buenos Aires estaba cambiando vertiginosamente, y Pío Collivadino nos legó un rico reflejo de ese momento histórico: escenas portuarias, rascacielos y flamantes avenidas del centro. Pero además de los nuevos edificios industriales, usinas y puentes, también llevó a sus telas las casitas bajas y algún que otro espacio más que austero. Hasta una pequeña puerta verde de una casa del Buenos Aires de 1900 podía convertirse en motivo de su pintura.

Barracas, La Boca, el Riachuelo, los barrios periféricos, las calles de tierra iluminadas a gas: toda una Buenos Aires en ebullición aparece en las obras de este artista, que supo hallar poesía en los rincones menos celebrados de la ciudad. Fue uno de los grandes renovadores del paisaje urbano porteño y encontró belleza en las chimeneas, los obreros, los barcos y los edificios en construcción. Nacido en Barracas, vivió entre 1869 y 1945.

Inmigrantes italianos, obreros al costado de barcos gigantes o almorzando durante su descanso: todo lo abordó con una técnica refinada y una particular sensibilidad para la luz. Su pintura recibió la influencia del divisionismo italiano y, en algunos momentos, se acercó al puntillismo, alternando pinceladas fragmentadas con gruesos empastes.

A lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, captó como pocos la luminosidad cambiante de Buenos Aires y sus suburbios. Su mirada no se detuvo únicamente en la ciudad monumental que anunciaba el progreso: también encontró belleza en una calle de tierra, una fachada humilde, el humo de una chimenea o una pequeña puerta pintada de verde.

En esa convivencia entre la ciudad que desaparecía y la que nacía con fuerza está buena parte del encanto de su obra. Una Buenos Aires todavía reconocible y, al mismo tiempo, ya encaminada hacia la modernidad.

El Banco de Boston

La Hora del Almuerzo

Puente Alsina

El Riachuelo

Puente Victorino de la Plaza

En el Puerto

A la Obra

Una Esquina de La Boca

La Puerta Verde

Puertas a la Tierra

Chimeneas Humeantes