martes, 18 de agosto de 2026

Pío Collivadino. Luz de una Buenos Aires entre la Incertidumbre del Cambio y el Orgullo por el Progreso

A comienzos del siglo XX, Buenos Aires estaba cambiando vertiginosamente, y Pío Collivadino nos legó un rico reflejo de ese momento histórico: escenas portuarias, rascacielos y flamantes avenidas del centro. Pero además de los nuevos edificios industriales, usinas y puentes, también llevó a sus telas las casitas bajas y algún que otro espacio más que austero. Hasta una pequeña puerta verde de una casa del Buenos Aires de 1900 podía convertirse en motivo de su pintura.

Barracas, La Boca, el Riachuelo, los barrios periféricos, las calles de tierra iluminadas a gas: toda una Buenos Aires en ebullición aparece en las obras de este artista, que supo hallar poesía en los rincones menos celebrados de la ciudad. Fue uno de los grandes renovadores del paisaje urbano porteño y encontró belleza en las chimeneas, los obreros, los barcos y los edificios en construcción. Nacido en Barracas, vivió entre 1869 y 1945.

Inmigrantes italianos, obreros al costado de barcos gigantes o almorzando durante su descanso: todo lo abordó con una técnica refinada y una particular sensibilidad para la luz. Su pintura recibió la influencia del divisionismo italiano y, en algunos momentos, se acercó al puntillismo, alternando pinceladas fragmentadas con gruesos empastes.

A lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, captó como pocos la luminosidad cambiante de Buenos Aires y sus suburbios. Su mirada no se detuvo únicamente en la ciudad monumental que anunciaba el progreso: también encontró belleza en una calle de tierra, una fachada humilde, el humo de una chimenea o una pequeña puerta pintada de verde.

En esa convivencia entre la ciudad que desaparecía y la que nacía con fuerza está buena parte del encanto de su obra. Una Buenos Aires todavía reconocible y, al mismo tiempo, ya encaminada hacia la modernidad.

El Banco de Boston

La Hora del Almuerzo

Puente Alsina

El Riachuelo

Puente Victorino de la Plaza

En el Puerto

A la Obra

Una Esquina de La Boca

La Puerta Verde

Puertas a la Tierra

Chimeneas Humeantes

martes, 11 de agosto de 2026

Antonio Berni, Maestro de lo Figurativo

Antonio Berni, Artista Plástico (1905-1981)

"Fluía Berni, era como un duende milagroso, movedizo y sagaz. Verlo en acción era como encontrar un equilibrio entre lo racional y una naturaleza salvaje de pintor. La vida pintaba a través de él porque todo lo que vivía, las veinticuatro horas del día, lo onírico, su libido, su discernimiento, todo eso le fluía..."  este es uno de los testimonios recogidos por el periodista Fernando García para su libro Los Ojos. Vida y Pasión de Antonio Berni, la única biografía del genial artista rosarino donde a través de más de ochenta entrevistas realizadas en Rosario, Buenos Aires y París se arma el rompecabezas de uno de los más grandes artistas plásticos argentinos que iluminó el siglo XX.












martes, 4 de agosto de 2026

★☆★ Elenore Abbott, Ilustradora de Cuentos de la Infancia y del Hogar ★☆★

"A los niños se les cuentan cuentos para que a su luz pura y amable se despierten y crezcan los primeros pensamientos y anhelos del corazón, pero ya que a todos puede llegar la sencilla poesía y la verdad de los cuentos, y ya que éstos deben permanecer en el seno de la familia y transmitirse dentro de ella, se les llama también Cuentos del Hogar"  - Prólogo de Cuentos de la infancia y del hogar, célebre libro de cuentos de hadas alemanes -

La artista estadounidense Elenore Plaisted Abbott (1875 – 1935), obtuvo un éxito insuperable como una de las ilustradoras más prolíficas de la Edad de Oro.  
Su legado es una combinación entre el romanticismo y el art nouveau; la ilustradora amaba los cuentos de hadas, ningún niño que reciba un libro decorado por ella se sentirá decepcionado jamás.














martes, 28 de julio de 2026

Dante y Virgilio en el Infierno, de William-Adolphe Bouguereau

William-Adolphe Bouguereau, "Dante y Virgilio en el Infierno", 1850

Hay cuadros que uno contempla con admiración y otros que, simplemente, dejan sin palabras. Eso me ocurrió al contemplar por primera vez "Dante y Virgilio en el Infierno", del gran Bouguereau.

La obra, realizada en 1850 y conservada en el Museo de Orsay de París, se inspira en la Divina Comedia. Dante describe allí su entrada, junto a Virgilio, en el octavo círculo del Infierno, donde se encuentran los falsificadores. En ese lugar observan a dos almas condenadas: el alquimista Capocchio, que es mordido salvajemente en el cuello por Gianni Schicchi, un personaje real que vivió en la Florencia del siglo XIII, célebre por haber suplantado la identidad de un difunto para modificar un testamento.

La escena es de una intensidad sobrecogedora. Dos condenados luchan entre sí con una ferocidad que estremece, mientras Dante y Virgilio contemplan el combate. Dante parece horrorizado ante lo que presencia; Virgilio, en cambio, mantiene una serenidad que invita a la reflexión.

Al contemplarla sentí que Bouguereau no solo quiso representar un episodio de la Divina Comedia. También nos muestra cómo el odio, la ira y la desesperación pueden llevar al ser humano a perder aquello que lo distingue. Los cuerpos poseen una belleza casi perfecta, pero sus gestos revelan una profunda degradación interior.

Pintada con un estilo academicista, con una marcada influencia del neoclasicismo y del romanticismo, la obra pone de manifiesto el extraordinario dominio técnico de Bouguereau, sus profundos conocimientos de anatomía y su admiración por la literatura clásica. La perfección de las figuras contrasta con la brutalidad del momento representado.

Me llamó especialmente la atención la diferencia entre los dos viajeros y las almas condenadas. Mientras Dante todavía conserva la capacidad de conmoverse ante el sufrimiento, Virgilio observa con la calma de quien comprende el destino de cada alma.

Es una obra dura, inquietante y, al mismo tiempo, fascinante. Cuanto más la observo, más detalles descubro y más preguntas me despierta. Quizás esa sea una de las grandes virtudes del arte: invitarnos a detenernos, mirar más profundamente y encontrar nuevos significados cada vez que volvemos a una obra.

martes, 21 de julio de 2026

Elegantes Mujeres del Siglo XIX Retratadas por Alfred Stevens

Se podría decir que su destino estaba de alguna manera, marcado; cuando era niño, el belga Alfred Stevens (1823 - 1906) estaba rodeado de inspiración: su padre era coleccionista de arte y sus abuelos tenían un café en Bruselas que era lugar de reunión para artistas y escritores. 

A los 14 años, estudió en la Académie Royale des Beaux-Arts en Bruselas, y a los 20 años ingresó en la escuela de arte más prestigiosa de París, la École des Beaux-Arts.

En 1851, a la edad de 28 años, tres de sus pinturas fueron admitidas en el Salón de Bruselas, la exposición de arte más exclusiva de Bélgica. Dos años después, recibió una medalla en el Salón de París, el evento artístico más importante del mundo y fue en la Ciudad Luz, donde encontraría fama y fortuna retratando a señoritas  distinguidas.

Aquí comparto algunas pinturas del maestro que muestran la meticulosa atención que puso al vestido y la decoración de su época. Piero Tosi, el gran diseñador de vestuario de Visconti en muchas películas, dijo que se inspiró en las bellas damas de Stevens y su ropa magnífica para la condesa Serpieri en SENSO (1954).













martes, 14 de julio de 2026

Mitos y Leyendas Teutónicas, según J. Doyle Penrose

Dicen que cuando los celtas se hicieron cristianos, sus antiguos dioses y diosas se convirtieron en hadas y duendes y se escondieron en las verdes colinas de la Isla Esmeralda. 
El paisaje de Irlanda, formado por la lluvia, el viento, los azotes del océano y los pintorescos pueblos rurales configuran una especie de lugar fantástico. James Doyle Penrose (1862-1932) fue el pintor de esa tierra y su legado sobre mitología nórdica me encanta.


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