domingo, 3 de diciembre de 2017

Perito Francisco P. Moreno, el Señor de los Parques

El afán por preservar los espacios naturales argentinos tiene un precursor y es Francisco Pascacio Moreno, un apasionado explorador, naturalista y perito nacido en Buenos Aires en 1852. Su amor por la naturaleza se despertó de muy joven cuando huyendo de la epidemia de fiebre amarilla se afinca junto a su familia en la estancia "Vitel" en Chascomús, y así, tan cerca de la vida natural, descubre su irrefrenable pasión por ella. Su biografía dice que su padre le regaló un edificio donde armó una formidable colección paleontológica que hasta sus profesores deseaban poseer.

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Perito Francisco Pascacio Moreno

Fue el principal conservacionista de la Patagonia andina y un gran estudioso de su geografía. Designado de la comisión de límites entre la Argentina y Chile, en 1902 estableció el concepto de límite siguiendo las altas cumbres divisorias de aguas; Francisco P. Moreno llegó a la zona, por primera vez, el 22 de enero de 1876 y en la ribera del Lago Nahuel Huapi enarboló la Bandera Argentina.
Durante la Campaña del Desierto (1879), ingenieros y topógrafos viajaron con las tropas para relevar los territorios patagónicos, esos fueron los primeros estudios científicos sobre la región. Más tarde Moreno realizó exploraciones desde Carmen de Patagones a los Andes Patagónicos por pedido de la Sociedad Científica Argentina.

Centinela, pionero y defensor de la Patagonia argentina

Llegó al sur por primera vez en 1873 y subyugado ante el imponente panorama que se presentó ante sus ojos exploró varias veces la Patagonia austral y septentrional cuando la dominaban los indígenas.

Primeras exploraciones en el Lago Nahuel Huapi

Moreno, romántico viajero, fue árbitro en conflictos fronterizos, integró comisiones científicas, fundó el Museo de Ciencias Naturales de la Ciudad de La Plata e impulsó la creación del Parque Nahuel Huapi. Aunque debo decir que existe un antecedente exploratorio, justo es recordar al Teniente Santiago J. Albarracín quien en el año 1884 investigó la región y elaboró Estudios Generales de los ríos Negro, Limay y Collón Curá y el Lago Nahuel Huapi, asimismo realizó el primer trabajo integral sobre la región.
En 1903, Moreno donó 7500 hectáreas de tierras de su propiedad al Estado nacional y ese fue el origen del Parque Nacional del Sud, primer parque sudamericano, creado en 1922, y más tarde denominado Nahuel Huapi. En 1916 presentó un proyecto de ley para crear parques y jardines nacionales en los territorios donde existieran ruinas indígenas y en los que estuvieran vinculados con hechos históricos o contuvieran monumentos dignos de conservación. Llamó Monte Fitz Roy al majestuoso Cerro Chaltén y -dato curioso- lo confundió con un volcán.

Monte Fitz Roy, visto desde el Lago del Desierto

La pasión política tampoco le fue ajena, este gran hombre asumió como Diputado Nacional en 1910 y fue Presidente de la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes, fue fundador de los Boy Scouts en Argentina y Vicepresidente del Concejo Nacional de Educación.

Glaciar Perito Moreno

La política de parques nacionales nació con el objetivo de preservar las bellezas paisajísticas; a lo largo de su historia se ampliaron sus horizontes hasta abarcar aspectos ambientales, culturales, científicos, educativos y sociales. Don Francisco Pascacio Moreno fue autor de Viaje a la Patagonia Austral y Viaje a la región andina de Patagonia. Hoy en día un magnífico glaciar en equilibrio rodeado por bosques de manzanos y confinados huemules, lleva su nombre. El Perito Moreno lo vio crecer al borde de las agitadas aguas que reventaron en aguas erráticas y -absorto centinela solitario- lo vio desafiar las tempestades andinas.

Lago Nahuel Huapi

El explorador falleció en 1919 y fue enterrado en el Cementerio de la Recoleta pero en 1944 sus restos fueron trasladados al Mausoleo de la Isla Centinela, muy justamente, en Nahuel Huapi.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Una Dulce Aventura

Prometieron no acumular
pasado ni futuro
ni sus historias, ni su educación
sólo los deseos y el presente,
sólo la vida y la pasión

Sus mundos no pueden 
ser más diferentes
y todo lo viven 
como una irrealidad

El último atardecer
ella quedó en libertad de amar
y
prometió que lo hará con nobleza
aunque íntimamente se preguntaba
si todo esto sería verdadera poesía o
sólo respiración agitada

El calor de la voz del rey de corazones 
se impone;
sin duda
es consciente de su apostura
y, cortés,
la lleva más lejos de la línea 
cada vez

-No puedo mantenerme lejos de tí-
abriendo sus brazos dijo
el príncipe guerrero 
con increíble dulzura

Ahora ríen felices, 
y nutriéndose de su luz,
ella vuela hasta la luna
junto al gentil caballero de brillante armadura

Carolina Haus


God Speed! - Edmund Blair Leighton

viernes, 1 de diciembre de 2017

¿Por qué Decoramos un Árbol en Navidad?

Ya llegó diciembre, pueden creer? qué rápido pasaron los meses!  para mí esta es la época más linda del año y adornar el arbolito es una tradición que en mi familia seguimos a rajatabla, es una excelente excusa para compartir un momento especial. 
Se cree que esta costumbre tiene sus orígenes en las prácticas de los Druidas, sacerdotes de la religión celta que vivieron en parte de la antigua Galia, de las Islas británicas y de España alrededor del año 1000 AC.  Esta clase intelectual veía a los elementos de la naturaleza como sagrados y, por eso, para celebrar el cumpleaños de uno de sus dioses adornaban un árbol. 
Casualmente lo hacían cerca de la fecha en la que, actualmente, los cristianos festejamos la Navidad. 
Más de 2500 años después, la tradición celta se transformó a lo que conocemos hoy y lo armamos el Día de la Inmaculada Concepción de María. 
El primer árbol navideño se pudo ver en Alemania en 1605. Doscientos años más tarde llegó a Finlandia, mientras que en Inglaterra apareció en 1829. 
A los hogares españoles fue llevado en 1870 por Sofía Troubetzkoy, viuda del hermano de Napoleón Bonaparte; luego por suerte, de la mano de los inmigrantes, la entrañable celebración llegó a América y con ella los 
días de ritos que hacen cosquillas a mi imaginación.