Hace 250 años moría el magnífico Giambattista (o Giovanni Battista) Tiepolo (Venecia, 1696 -- Madrid, 1770) pintor y grabador italiano, considerado el último gran pintor de la era barroca y una de las figuras más destacadas del rococó italiano.
Lo más importante que hay que mencionar con respecto al trabajo y el oficio de Tiepolo es el hecho de que no fue alguien que simplemente siguió los pasos de sus ídolos, sino que también le dio su propio toque. Sus pinturas fueron particularmente conocidas por un nivel de ingenio que las hizo aún más únicas.
Tras su éxito como pintor desde muy temprano en su carrera, fue invitado por un príncipe de Alemania para trabajar en sus propiedades y más tarde pasó a trabajar para la familia real en España, este fue uno de los aspectos más calificados de su carrera.
El genio del caballete fue uno de los artistas más importantes del Settecento veneciano. Vivió en un período histórico-cultural particularmente vivo, el de la Ilustración europea en el que se difundieron los escritos de Voltaire y Diderot.
Venecia vivía activamente este período cultural: se había convertido en un destino del Grand Tour, una atracción para viajeros e intelectuales.
El pintor también influyó en el joven Goya debido a una notable técnica que posteriormente alcanzaría un gran reconocimiento: la "iluminación" de partes precisas del cuadro. Los colores claros resaltan impresiones o ideas tales como la pureza o lo divino. Sus composiciones son etéreas, llenas de gracia y sus techos pintados, de efecto ilusionista, engañan a la vista y parecen abiertos al cielo.
Sin embargo, al final de su carrera, el estilo rococó de Tiepolo perdió popularidad y fue reemplazado por el neoclasicismo de Jacques-Louis David.
No fue hasta el advenimiento del impresionismo, a finales del siglo XIX, que las pinceladas sueltas y los tonos pastel de este artista de la hostia se reevaluaron como contribuciones importantes a la historia del arte.