Georges de La Tour fue un pintor especializado en escenas religiosas de claroscuro. Al igual que Vermeer, La Tour sería materialmente desconocido durante más de dos siglos: Vermeer, hasta fines del XIX, y la Tour ya entrado el siglo XX. Parece inverosímil que dos monstruos geniales compartieran tan ingrato destino, pero así fue.
Georges de La Tour empezó pintando obras luminosas y coloridas, pero tras conocer el arte de Caravaggio empezó a pintar con un estilo tenebrista, aunque con una particularidad: la fuente de la luz viene de dentro de la propia composición del cuadro, por lo general a partir de velas. En las pinturas de Caravaggio, en cambio, la luz provenía de un foco de origen impreciso.
La historia del francés La Tour (1593-1652) supone una paradoja en el mundo del arte: gozó de reconocimiento en vida pero durante décadas cayó en un olvido absoluto y fue “redescubierto” al mundo por un grupo de investigadores a principios del siglo XX.
Hoy en día está valorado como uno de los artistas más importantes del siglo XVII en Francia; por su personalísimo estilo y su dominio de la luz que situaba en un punto concreto creando atmósferas únicas que irradian emoción.
Tal vez su caída en el ostracismo se deba, en parte, a que muy pocas de sus obras estaban firmadas y datadas; incluso se atribuyeron por su características a otros autores españoles como Zurbarán, a un joven Velázquez o incluso a la escuela flamenca.
De de La Tour sólo se conservan cuarenta pinturas. En una primera etapa, el pintor de los óleos de luz fría cae fascinado por los humildes de los bajos fondos como mendigos, prostitutas y músicos callejeros, a los que retrata con un realismo muy preciso en los detalles.
Reviste sus vidas de dignidad en unas impactantes escenas que a su vez muestran violencia, y la desolación de la pobreza más extrema.
Con el tiempo los tipos físicos retratados se fueron dulcificando en sus pinceladas, ya no serían tan lóbregos y fríos sus personajes. La crudeza de los mendicantes de los primeros tiempos contrasta con la delicadeza que exhibe tiempo más tarde en las austeras pinturas de temática religiosa.
Todas las obras destacan por su sobriedad y apenas ofrecen motivos sagrados que den pistas sobre su contenido ya que los ángeles de De La Tour no tienen alas, y sus santos carecen de halo. La crítica francesa lo denomina “religiosidad laica”: que vendrían a ser obras en las que el autor humaniza a las figuras divinas.
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| La Adoración de los Pastores |
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| St. Sebastian cuidado por Santa Irene |
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| San José, Patrono de los Carpinteros y su hijo Jesús |
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| La Adoración de los Pastores |
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| The Penitent Magdalen |
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| The Newlyborn Infant |
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| Le Tricheur |
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| Rixe de Musiciens |
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| La Buenaventura |
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| St Sebastian with Lantern |