miércoles, 10 de octubre de 2018

La Belle Époque, Euforia ante la Realidad Recién Descubierta

El fenómeno global conocido como Belle Époque fue un período de paz que se extendió desde 1871 hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, en 1914; coincidiendo con la Tercera República francesa (a partir de 1870). 
Si bien las desigualdades sociales estaban muy presentes aún, la exuberancia, el progreso, la prosperidad y el gran crecimiento poblacional trajo un tiempo de optimismo en toda Europa: brillantez intelectual, innovación tecnológica, moda y descubrimientos científicos. El Viejo Mundo se encaminó decididamente hacia la modernidad; la industrialización pobló el continente de chimeneas.
La esperanza de vida al nacer se prolongó, la mujer se incorporó al sistema productivo y el cambio amenazó los privilegios masculinos; variaron las pautas educacionales e incluso se modificó la misma vida política.
Muchas obras maestras de la letras, la música, el teatro, la ingeniería y el arte visual florecieron en París y lograron reconocimiento mundial. Incluso los Estados Unidos, recientemente ricos después de salir del Pánico de 1873, experimentaron una época similar que fue apodada "Edad Dorada". 
La etapa es recordada con cariño como idílica ya que se trata de un gran recuerdo de la buena vida con una dimensión internacional nunca conocida hasta entonces, cuando la literatura, entre humo de hachís y añoranza, pobló el paisaje de "poetas malditos" y se lanzaron en busca del tiempo perdido.

Sin dudas se trató de una bella coyuntura, y mi patria no fue ajena a ella. En ese momento también Buenos Aires se encontraba en un proceso de gran expansión -numerosos contingentes de inmigrantes llegaban a sus costas para hacer realidad el sueño americano- y la ciudad mostraba un aspecto alegre y festivo, había un clima de mucho progreso, la vida social se desenvolvía entre inauguraciones y eventos; la alegría y el ritmo parecían embargar a todos. La música y la canción estaban representadas por el tango, los café-concert, el teatro, el "bel canto", el cine, el turismo y las tertulias literarias; sostenido todo por la gran posibilidad de trabajo de la era industrial, el agro y la ganadería.
A esta fase histórica de expansión sin precedentes e inicio de la cultura moderna en Argentina podríamos considerarla desde 1890 hasta los años treinta, por el motivo de que la Primera Guerra Mundial no la afectó en la contienda militar, al contrario, se diría que la benefició económicamente como subsiguientemente pasó con la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto la Belle Époque no tuvo interrupción en mi país y la fiesta continuó integrando una nueva clase social, la burguesía. Edificios públicos, palacios y mansiones al mejor estilo europeo, iluminación eléctrica, una red férrea de comunicación ejemplar y eficiente, el subte, el auto, y grandes estructuras de hierro y vidrio como las estaciones del ferrocarril hicieron de Buenos Aires un jolgorio con mucha marcha. Diría que en ese momento se llegó al punto cúlmine de la sofisticación y todavía hoy las refinadas construcciones emblematizan la elegancia de la Ciudad.

Acorde al signo de los tiempos, asimismo el arte se modificó y cambió de horizontes. La pintura descompuso la luz en tonalidades nunca vistas y confió al ojo del espectador la tarea de componer las formas y los colores. Los invito a compartir una brevísima muestra de obras pictóricas que brindaron testimonio de ese alegre, fugaz y despreocupado tiempo.

Estudio de desnudo (Louly) - Severo Rodríguez Etchart

La Rambla de Mar del Plata en 1912, por Eugenio Álvarez Dumont

Retrato del Presidente Carlos Pellegrini en 1907
obra de Filippo Galante

Detalle de una obra de Alphonse Mucha, alma del Art Nouveau

Baile en el Moulin Rouge en 1890, por Henri de Toulouse-Lautrec

Ball for St. Petersburgh Nobility, Febrero 23, 1913 por Kardovsky

Central Dome of the Gallerie des Machines,
Exposition Universelle de Paris, 1889 - Obra de Louis Béroud

Llegó la Primavera, por Ernesto de la Cárcova

Patita Enferma, por Camillo Innocenti

Les Belles de nuit au Jardin de Paris, circa 1905 por Jean Béroud 

Louis Pasteur en su laboratorio, en 1885 por A. Edelfeldt

París en 1897. Boulevard Montmartre, obra de Camille Pissarro

Figurín, obra de Francesco Parisi

Five Hours at Paquin's, obra de Henri Gervex. 1906

Cléo de Merode en el Salón de París,
obra de Carlos Vázquez Úbeda

Dama en el Jardín, por Ernesto de la Cárcova

Mural de la serie "Belle Époque", obra del muralista Jorge Magnani

Le Moulin de la Gallette - Renoir

Baile en Bougival - Renoir

El Almuerzo de los Remeros - Renoir

viernes, 5 de octubre de 2018

François Flameng, Intérprete de la Belleza

Lugares hermosos, gente guapa, ropa bonita: a Flameng François le encantaba pintarlos a todos.
Nacido en un estudio de arte en París, el señor Flameng pudo haber sabido desde muy joven que estaba destinado a ser un gran artista. De hecho, tenía todo a su favor. París era el centro del mundo del arte, era hijo de un célebre grabador y recibió una educación de primer nivel en su oficio.
Flameng (1856-1923) era meticuloso; hacía un preciso boceto para asegurar que la proporción y la perspectiva fueran correctas; luego pintaba rápida y puntillosamente y hacía todo lo posible para hacer las sesiones más agradables ya que un pintor de retratos no sólo debe estar dotado de talento, sino también poseer las cualidades de un filósofo, de un observador, de un psicólogo, y poseer una paciencia inagotable.
Aunque no solo pintó belleza, reflejó boato pero jamás fue ajeno a la violencia. 

Reconocido por sus pinturas que mostraban algunos de los horrores de la Primera Guerra Mundial se convirtió en profesor de la Academia de Bellas Artes, la primera institución de arte en Francia y fue nombrado presidente honorario de la Sociedad de Pintores Militares. Sin embargo, sus pinturas fueron ridiculizadas por muchos críticos por ser demasiado realistas y no incluir el drama heroico. 
De todos modos, superando el desajuste crónico entre la producción de la obra de un artista y el aprecio de la crítica especializada, François Flameng decoró edificios cívicos tan importantes como la Sorbona y la Ópera Comique, produjo obras publicitarias; recibió el honor civil más importante de Francia: la Legión de Honor, y diseñó los primeros billetes de banco de Francia.

Princess Zinaida Yusupova with her sons Felix and Nikolai 
at Arkhangelskoye

A Concert in Versailles

An Elite Soldier of the Imperial Guard

An Evening’s Entertainment for Josephine

Equestrienne Au Cirque Fernando

Evening

Grand Duchess Maria Pavlovna

In the Woods

Mrs Adeline M. Noble

Napoleon After The Battle Of Waterloo

Napoleon I and the King of Rome at Saint-Cloud

Napoleon I hunting in the Forest of Fontainebleau, 1807

Portrait of a Lady

Portrait of a mother with her children in the garden

Reception at Malmaison in 1802 

The Carnival in Venice

The People of Paris Come to Versailles

World War I

Zinaida Yusupova with the famous Yusupov family La Pelegrina pearl

miércoles, 3 de octubre de 2018

Oda al Encanto Femenino, por John Frederick Lloyd Strevens

Ellas son mujeres y niñas del pasado pero los fans de John Frederick Lloyd Strevens son hoy legión; su extensa obra es hermosísima, cada una parece una melodía de amor.
Strevens creó cuadros de mujeres vaporosas, veladas por el misterio. Ellas parecen vivir una vida especial. 
La inimitable percepción estilística del famoso retratista inglés esparció su magia en este planeta entre 1902 y 1990.